- El silencio interior es el lugar donde la verdad puede hablar sin ser interrumpida, como intuyó Sócrates al escuchar su daimon más que el ruido de la multitud.
- Quien no sabe callar por dentro acaba diciendo por fuera lo que no ha pensado, advertía ya Platón al desconfiar de la retórica vacía.
- El silencio no es ausencia de palabra, sino custodia del sentido, diría Aristóteles: hablar bien exige primero haber callado bien.
- El hombre disperso en palabras se pierde a sí mismo, mientras que el hombre silencioso se recoge y se conoce, como enseñó san Agustín.
- Dios habla bajo, y solo el corazón silencioso puede oírlo, una convicción central en la experiencia espiritual de san Benito.
- Las palabras inútiles desgastan el alma, mientras que el silencio la fortalece y la ordena, como repetían los Padres del desierto.
- Quien llena todo de palabras deja poco espacio a la sabiduría, advertía Séneca, que veía en el silencio una forma de dominio de sí.
- El silencio interior es una forma de humildad, porque reconoce que no todo debe ser dicho ni todo debe ser respondido.
- Hablar sin necesidad es una forma de ruido moral, y ese ruido impide escuchar la voz de la conciencia, como señalaría Kant.
- El silencio es el clima natural de la oración, sin él, incluso las palabras dirigidas a Dios se vacían, como enseñó santa Teresa de Jesús.
- Las palabras vanas revelan un corazón inquieto, mientras que el silencio sereno revela un corazón reconciliado consigo mismo.
- Quien no aprende a callar acaba esclavo de su propia lengua, una advertencia constante en la tradición monástica cristiana.
- El silencio no empobrece la comunicación, la purifica, como intuía Pascal al desconfiar del parloteo que oculta el vacío interior.
- Antes de corregir al otro con palabras, conviene haberse corregido en silencio, diría san Juan de la Cruz desde su mística del desasimiento.
- El silencio interior permite distinguir lo esencial de lo superfluo, algo que los estoicos consideraban clave para la libertad interior.
- Hablar demasiado suele ser una forma de huir de uno mismo, mientras que el silencio obliga a enfrentarse con la verdad personal.
- Dios no compite con el ruido, por eso quien vive lleno de palabras rara vez percibe su presencia, como recordaba san Ignacio de Loyola.
- El silencio educa el corazón para la escucha, y sin escucha no hay verdadera relación ni con Dios ni con los demás.
- Las palabras inútiles nacen del ego, el silencio fecundo nace del amor y de la atención al otro.
- El sabio mide sus palabras porque ha aprendido a medir su interior, como enseñaba Marco Aurelio en sus meditaciones.
- El silencio interior es una forma de vigilancia espiritual, una guardia del alma frente a la dispersión y la superficialidad.
- Quien habla sin haber callado antes suele confundir opinión con verdad, una crítica clásica de la filosofía a la charlatanería.
- El silencio no es pasividad, es profundidad, y solo desde la profundidad las palabras pueden ser verdaderas.
- Cada palabra innecesaria debilita la vida interior, mientras que cada silencio aceptado la fortalece, como insistía san Francisco de Sales.
- El silencio bien vivido convierte la palabra en servicio, y no en protagonismo, haciendo de ella un acto de caridad y no de vanidad.
Sobre el silencio interior









Deja un comentario