Sobre el silencio interior

  1. El silencio interior es el lugar donde la verdad puede hablar sin ser interrumpida, como intuyó Sócrates al escuchar su daimon más que el ruido de la multitud.
  2. Quien no sabe callar por dentro acaba diciendo por fuera lo que no ha pensado, advertía ya Platón al desconfiar de la retórica vacía.
  3. El silencio no es ausencia de palabra, sino custodia del sentido, diría Aristóteles: hablar bien exige primero haber callado bien.
  4. El hombre disperso en palabras se pierde a sí mismo, mientras que el hombre silencioso se recoge y se conoce, como enseñó san Agustín.
  5. Dios habla bajo, y solo el corazón silencioso puede oírlo, una convicción central en la experiencia espiritual de san Benito.
  6. Las palabras inútiles desgastan el alma, mientras que el silencio la fortalece y la ordena, como repetían los Padres del desierto.
  7. Quien llena todo de palabras deja poco espacio a la sabiduría, advertía Séneca, que veía en el silencio una forma de dominio de sí.
  8. El silencio interior es una forma de humildad, porque reconoce que no todo debe ser dicho ni todo debe ser respondido.
  9. Hablar sin necesidad es una forma de ruido moral, y ese ruido impide escuchar la voz de la conciencia, como señalaría Kant.
  10. El silencio es el clima natural de la oración, sin él, incluso las palabras dirigidas a Dios se vacían, como enseñó santa Teresa de Jesús.
  11. Las palabras vanas revelan un corazón inquieto, mientras que el silencio sereno revela un corazón reconciliado consigo mismo.
  12. Quien no aprende a callar acaba esclavo de su propia lengua, una advertencia constante en la tradición monástica cristiana.
  13. El silencio no empobrece la comunicación, la purifica, como intuía Pascal al desconfiar del parloteo que oculta el vacío interior.
  14. Antes de corregir al otro con palabras, conviene haberse corregido en silencio, diría san Juan de la Cruz desde su mística del desasimiento.
  15. El silencio interior permite distinguir lo esencial de lo superfluo, algo que los estoicos consideraban clave para la libertad interior.
  16. Hablar demasiado suele ser una forma de huir de uno mismo, mientras que el silencio obliga a enfrentarse con la verdad personal.
  17. Dios no compite con el ruido, por eso quien vive lleno de palabras rara vez percibe su presencia, como recordaba san Ignacio de Loyola.
  18. El silencio educa el corazón para la escucha, y sin escucha no hay verdadera relación ni con Dios ni con los demás.
  19. Las palabras inútiles nacen del ego, el silencio fecundo nace del amor y de la atención al otro.
  20. El sabio mide sus palabras porque ha aprendido a medir su interior, como enseñaba Marco Aurelio en sus meditaciones.
  21. El silencio interior es una forma de vigilancia espiritual, una guardia del alma frente a la dispersión y la superficialidad.
  22. Quien habla sin haber callado antes suele confundir opinión con verdad, una crítica clásica de la filosofía a la charlatanería.
  23. El silencio no es pasividad, es profundidad, y solo desde la profundidad las palabras pueden ser verdaderas.
  24. Cada palabra innecesaria debilita la vida interior, mientras que cada silencio aceptado la fortalece, como insistía san Francisco de Sales.
  25. El silencio bien vivido convierte la palabra en servicio, y no en protagonismo, haciendo de ella un acto de caridad y no de vanidad.

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑