Silvia Abril y el drama de que los jóvenes piensen por sí mismos

En la alfombra roja de los Premios Goya 2026 (celebrados en febrero/marzo), la actriz y humorista Silvia Abril generó polémica al declarar: «Me niego a aceptar que la juventud tenga esa tirada hacia lo cristiano. Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren a la fe cristiana».

La declaración de Silvia es interesante, no tanto por lo provocadora —eso forma parte del oficio humorístico— sino por lo que presupone: que si los jóvenes se acercan al cristianismo, algo debe ir mal. Porque, claro, ¿cómo van a creer en algo que no sea el algoritmo?

Vamos por partes.

Datos fríos (sin incienso ni guitarras)

En contra del relato simplista de que “la juventud ya no cree en nada”, los datos sociológicos muestran un fenómeno más complejo:

  • En varios países occidentales se observa un repunte de interés religioso en menores de 30 años, especialmente en contextos de incertidumbre cultural y existencial.
  • En Estados Unidos, estudios recientes del Pew Research Center muestran una estabilización —e incluso ligero repunte— en la identificación cristiana entre jóvenes de la Generación Z tras años de caída.
  • En Francia y Reino Unido han aumentado los bautismos de adultos jóvenes.
  • En España, aunque la práctica religiosa general ha descendido, los jóvenes practicantes muestran niveles más altos de coherencia doctrinal y compromiso que generaciones anteriores. Menos cantidad, más intensidad.

Es decir: no estamos ante una marea de superstición juvenil, sino ante un fenómeno minoritario pero consciente.

Curioso que cuando un joven se engancha a TikTok seis horas al día sea “expresión cultural”, pero si lee el Evangelio de San Juan se convierte en tragedia antropológica.

Jesús y los jóvenes

“Me da pena que necesiten creer en algo”

Aquí hay una premisa interesante: que necesitar creer es algo lamentable.

La cuestión es que el ser humano siempre cree en algo. Siempre.

Si no es en Dios, será en:

  • el progreso inevitable,
  • la identidad auto-construida,
  • la ciencia como oráculo moral,
  • el mercado,
  • la política,
  • el yo.

Como explicó , vivimos en una “era secular” donde no desaparece la creencia, sino que se redistribuye.

La alternativa no es entre creer o no creer. Es entre creer conscientemente o creer sin saber que se cree.

Pero parece que la fe cristiana es la única que provoca compasión pública. Nadie dice con pena: “Me duele que los jóvenes necesiten creer en su horóscopo”.

¿Es irracional que jóvenes vuelvan al cristianismo?

Históricamente, el cristianismo siempre ha atraído a jóvenes en momentos de crisis cultural.

En el siglo I, el mensaje cristiano se expandió entre sectores juveniles del mundo romano. En la Edad Media, las órdenes mendicantes estaban llenas de veinteañeros radicales. En el siglo XX, los movimientos cristianos universitarios crecieron tras las guerras mundiales.

¿Por qué? Porque el cristianismo ofrece:

  • sentido,
  • verdad objetiva,
  • comunidad real,
  • una moral exigente,
  • una esperanza trascendente.

Exactamente lo que una cultura líquida no puede ofrecer.

Un pequeño apunte

Resulta fascinante que en una sociedad donde:

  • se normaliza redefinir la naturaleza humana,
  • se afirma que el sexo biológico es una construcción,
  • se cree que la felicidad es una app,

lo verdaderamente incomprensible sea creer en la Resurrección.

La fe cristiana, con dos mil años de reflexión filosófica detrás —de San Agustín a Santo Tomás de Aquino— es presentada como un capricho juvenil.

Pero claro, aceptar que jóvenes racionales puedan elegir libremente el cristianismo implicaría admitir que no todo regreso a la tradición es fruto de ignorancia.

Y eso sí que sería revolucionario.

Lo que realmente inquieta

Quizá lo que molesta no es que crean. Es que crean en algo que:

  • no depende del Estado,
  • no depende de la industria cultural, en concreto del cine,
  • no depende de la aprobación social.

La fe cristiana crea jóvenes difíciles de manipular.

Y eso sí es preocupante… para algunos, para ellos, para ella…


En resumen:
No, no es trágico que los jóvenes crean.
Lo sorprendente sería que en una época de ansiedad, soledad y vacío no buscaran algo sólido.

Pero tranquilos: siempre podremos consolarnos pensando que es mucho más sano creer que somos polvo de estrellas con WiFi.

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