1er Hábito de Gestión: Gestionar la información

El que el flujo de la información sea bueno es contrario a toda la historia de la humanidad. El poder y la autoridad siempre lo tuvo quien tenía la información y no la transmitía. En todo caso se despachaban notas del tipo: “haga esto y no piense”, lo que originaba un sinfín de rumores propios de la Cultura del Miedo.

Todavía existen multitud de equipos pastorales que no se informan bien entre ellos, y lo terrible es que mandan un mensaje forzoso y potente a toda la parroquia o comunidad de que el flujo de información no importa.  Un ejemplo entre mil: Un párroco lograba que sus catequistas conocieran solo el programa de catequesis y a los niños, y forzaba a que ignoraran todo lo demás sobre la parroquia, para que se concentraran en la catequesis.

Lo normal es ocultar información. Quizá pensamos que los demás ya saben lo que hacemos, o que no necesitan saberlo. Creemos que lo que no se dice no crea problemas ni origina compromisos. Entonces el otro intenta adivinar las cosas, haciendo una serie de suposiciones equivocadas y peligrosas.

Hace tiempo, en las parroquias te daba una descripción de tu responsabilidad bastante precisa, que se suponía que era toda la información que necesitabas. Hoy día, no está claro qué es lo que se puede esperar de alguien; no es obvio, ni evidente por la formación, globalización, las nuevas tecnologías y la avalancha de información. Por eso, ahora tiene que ser capaz cualquier fiel de dirigirse a sí mismo, lo que implica, primero, pararse a pensar lo que se puede esperar de uno en la comunidad en la que está y, segundo, comunicarlo, para que lo sepan los demás.

La información es difícil de definir: es cuasi infinita, está aumentando, no tiene masa, ni energía, ni se puede medir. Es gratis, accesible a cualquiera, tiene imagen atractiva, estamos ávidos de ella, enganchados, consumistas de información, y si no se controla es un monstruo vivo sin cabeza. Sin control, nos domina. Nos hace adictos y más que cultos nos convertimos en aficionados a lo trivial y a lo ramplón.

Sin embargo, un líder emprendedor la domina, identifica su exceso, la somete a la razón y le da sentido, para darle energía positiva al comportamiento y realizar un buen trabajo.

Un líder emprendedor sabe que un buen flujo de información: primero, mantiene unida la comunidad debido a la cultura de confianza y compromiso que crea. A la comunidad no la une la autoridad ni la voluntad. Segundo, logra que cada fiel tenga información sobre su propio nivel de responsabilidad, lo que aumenta mucho su compromiso; precisamente esa información sí es importante y, tercero, crea trabajo en equipo, que afecta drásticamente a los procesos, al propio organigrama y a los resultados.

Un líder emprendedor cierra el sistema de correo electrónico e internet varias horas al día por la mañana y otra por la tarde. Pasa más tiempo con las personas que con el ordenador. Dedica tiempo a recorrer la comunidad cara a cara.

Por cierto, la información más difícil de lograr es la que está en el exterior, nuevas tendencias, que también se debe conocer de primera mano. Es la información más importante porque es la base de todo el plan estratégico.

Tengamos en cuenta que hoy día cada persona es un centro de inversión con un costo muy alto. Por eso, el “cara a cara” directo origina una información imprescindible y de calidad. Puedo asegurar que la información más interesante que necesitas para trabajar la debes ver directamente con tus ojos y es preciso moverse yendo a buscarla físicamente. Con la precisión que la necesitas, no está ni en Internet ni en ningún informe de los que se supone que debería estar.

El trabajo en equipo se caracteriza porque la gente asume responsabilidad por la información. Nadie da por supuesto que sabe lo que van a hacer los demás, ni que es obvio o evidente.

Por ejemplo, un buen catequista se preocupa por conocer mínimamente las finanzas de la parroquia o la pastoral familiar, porque así le da mucho más sentido a su propia acción.

Otro ejemplo: Si dos fieles comprometidos cualesquiera, de responsabilidad, se sientan para hablar durante hora y media intercambiando información, sacan un nuevo plan de trabajo de gran interés.

Por tanto, un líder emprendedor se pregunta: ¿Qué información necesito? ¿Cuál necesitan los demás? Y también se acerca a la gente y le pregunta: ¿Qué necesitamos saber acerca de tu responsabilidad? Y también: ¿Qué necesitas tú saber acerca del trabajo de los demás? Pero a veces no lo hacemos porque todavía no sentimos que sea nuestra responsabilidad.

La información es fundamental, pero debe ser precisa, si no abruma. Quien la maneje óptimamente, tendrá un equipo a pleno rendimiento, pues habrá sentido en su acción y dirección en su foco.

Herramienta de trabajo: Gestión de la Información. Descargar para trabajarla en soledad y posteriormente en equipo.

Del libro: 8 Hábitos Directivos.

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