Educar la mirada. Para contemplar la belleza e interpretar el relato

¿Cómo enseñar a mirar y por qué es tan importante una pedagogía de la mirada? “En su mirada —dice Romano Guardini— vive el hombre todo; por eso los problemas vitales giran en torno a la mirada”. Es importante que los educadores redescubran la importancia de “enseñar a ver”. Un niño puede mirar para “dominar”, es decir, violentando lo que existe con su mirada controladora; o mirar para “ponerse al servicio”, es decir, para obedecer a la exigencia de sentido de lo que le ofrece la realidad.


¡Qué tres miradas tan distintas sobre un paisaje, la del labrador, la del artista y la del arquitecto! Ven el mismo panorama, pero su mirada se fija en cosas muy diversas: uno se concentra en las plantas y los frutos e imagina futuras cosechas; otro descubre el hermoso azul del cielo con sus tonalidades y piensa en la obra de arte; un último, en fin, ve la urbanización que podría diseñar. El ojo de cada uno está instruido para ver cosas diversas (el ejemplo está tomado de Ortega, en sus Meditaciones sobre el Quijote: “llevad al mismo paisaje a un cazador, un pintor y un labrador, los ojos de cada uno verán ingredientes distintos de la campiña; en rigor, tres paisajes diferentes. Y no se diga que el cazador prefiere su paisaje venatorio después de haber visto los del pintor y el labrador. No: estos no los ha visto ni los verá nunca, en rigor. Desde un principio, siempre que se halló en el campo fue fijándose casi exclusivamente en los elementos del paraje que importan para la caza”). Y es que en el ojo va la biografía de cada uno. El tema que afronta este libro es precisamente la “educación de la mirada”. ¿Qué significa enseñar a mirar? ¿Puede ser esta una finalidad de la escuela? ¿Cómo puede realizarse?


“En su mirada —dice Romano Guardini— vive el hombre todo; por eso los problemas vitales giran en torno a la mirada”. Por eso mismo, precisamente, es importante que los educadores redescubran la importancia de “enseñar a ver”.

Un niño puede mirar para “dominar”, es decir, violentando lo que existe con su mirada controladora; o mirar para “ponerse al servicio”, es decir, para obedecer a la exigencia de sentido de lo que le ofrece la realidad. Para una persona es posible mirar “para adulterar” (Mt 5,28) o “mirar con amor” (Mc 10,21). Por todo ello, frente a la “mirada plana” (a este respecto habla J. Restán, Educación, el otro nombre de la misericordia (Madrid 2016) 49, de que una de las dificultades que podemos identificar en los alumnos es la “mirada plana sobre la realidad… Pero una mirada plana sobre las cosas produce, más pronto que tarde, una gran insatisfacción”), es necesario educar en el esfuerzo de ver cada cosa como pide ser vista, según el modo propio de mirar que exige. Esto es un trabajo. Y aquí es donde se sitúa el marco para una esforzada y lenta educación de la mirada.


Las raíces del ojo —dice de nuevo Guardini— están en el corazón; … el ojo ve desde el corazón”. Nuestro ojo no es “como el de los animales, pero en un cerebro humano”, sino que está todo él transido de humanidad; no miramos como el animal, miramos desde dentro, con interioridad. Y por eso el ojo se puede educar.


¿Cómo enseñar a mirar y por qué parecía tan importante dedicar estas conferencias al tema de la pedagogía de la mirada?


En su Emilio, Rousseau habla de una “Educación de la vista”. Pero para Rousseau educar la vista es conseguir una mayor precisión ocular, es decir, que el niño aprenda a adquirir una visión justa de las medidas, distancias y proporciones, de suerte que pueda conocer mejor los objetos y su mundo. Esta puede ser una intención loable. Pero en los dos textos que siguen se trata de algo mucho más profundo.


En particular, Don Juan José Pérez-Soba afronta el tema de “Educar en la belleza” y se refiere al modo en que es posible educar el ojo del alumno para que pueda contemplar lo bello. La belleza proporciona al alumno una experiencia de integridad y de bondad.

Sin tener que recurrir al imperativo moral, lo bello atrae al niño, le conmociona y le introduce fácilmente en un modo nuevo de conocer la verdad y de amar las cosas buenas.


A continuación, el Padre Juan Antonio Granados escribe sobre lo que significa “Educar la mirada para leer” y para que el niño aprenda a interpretar los relatos. El esfuerzo de mirada que requieren la contemplación y la lectura es distinto, pero íntimamente relacionado. La lectura exige del ojo una interpretación. Esto significa que la lectura le obliga a situarse. Al leer, dice C.S. Lewis, “nos convertimos en esas otras personas sobre las que leemos. No solo, ni fundamentalmente, para ver cómo son, sino para ver lo que ven, para ocupar por un momento sus butacas en el gran teatro, para ponernos sus gafas y contemplar desinteresadamente lo que se puede comprender, gozar, temer, admirar o festejar a través de esas gafas”. La lectura suscita nuestro protagonismo en otras vidas.


El tema que afronta este libro es actual, en la medida en que vivimos en una cultura de la imagen.

Pero es al mismo tiempo un tema clásico de la más noble tradición filosófica, teológica y educativa, que ha visto en la contemplación el modo más elevado de conocimiento. En el siglo pasado, un gran filósofo español como lo fue García Morente hablaba de la necesidad de una educación de la mirada para poder llegar a la cumbre del asombro y del conocimiento crítico: “para mirar es preciso que la voluntad dispare la atención hacia cierto punto… La mirada atenta es, pues, mirada interrogante —mirada inteligente—; es una mirada que plantea a la masa de colores y de formas la pregunta: ‘¿quién eres tú?’, y atisba en la masa, en el objeto, la respuesta a dicha pregunta… El ignorante pasa junto a la realidad y ni siquiera la ve. Y no la ve porque no puede verla; no tiene con qué mirarla, con qué dirigirle la pregunta del conocimiento”.


La “mirada inteligente” de la que habla aquí García Morente es esa visión educada y purificada, capaz de discernir en lo que ve un mundo de relaciones que le abre a una realidad llena de sentido. ¿Cómo hacer que surja en el educando? ¿Cómo consigue el maestro que se desarrolle una “mirada inteligente” en el alumno? A esto van dirigidas las dos investigaciones que siguen: educar en la belleza de la contemplación y educar en la interpretación inteligente de los relatos.

Prólogo e índice del libro, descargar aquí.

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