El corazón de la Navidad

En esta noche santa, cuando todo el mundo parece detenerse y el cielo mismo se inclina hacia la tierra, nos encontramos ante el misterio más grande y más hermoso: Dios se ha hecho uno de nosotros. No con la fuerza de un rey ni con el ruido de los poderosos, sino en el silencio humilde de un pesebre.

Hoy quiero invitarles a acercarnos, como si estuviéramos ahí, junto a María, José y el Niño. Dejemos por un momento las prisas, los regalos y las luces para entrar en ese pequeño establo donde la única luz es la del amor.

María: La madre que confía

María, la joven de Nazaret, nos enseña lo que significa decir «sí» a Dios. Su vida no era fácil; no tenía todas las respuestas, pero confió. Aceptó ser la madre del Salvador en medio de la incertidumbre y las dificultades. Esta noche, contemplemos su rostro cansado pero lleno de paz, porque sabía que llevaba en sus brazos al Amor hecho carne.

María nos invita a confiar, incluso cuando nuestra vida no es perfecta, cuando los planes no salen como esperábamos. ¿Podemos abrir nuestro corazón a Dios como ella lo hizo, dejando que Él haga algo nuevo en nosotros?

José: El padre que protege

Y allí está José, el hombre justo. Él no entendió todo lo que ocurría, pero nunca se apartó. Su silencio nos habla de un amor que cuida, que protege, que da sin esperar nada a cambio. En José vemos lo que significa ser fiel en las pequeñas cosas, ser un apoyo constante para quienes amamos.

José nos invita a mirar a nuestro alrededor: ¿A quiénes estamos llamados a cuidar, a proteger, a amar con un corazón generoso?

El Niño: Dios con nosotros

Y en el centro de todo está Jesús, el Niño indefenso, que es al mismo tiempo el Creador del universo. Es un misterio tan grande que casi no podemos comprenderlo: el Dios todopoderoso se hace pequeño para que podamos abrazarlo.

Jesús viene a mostrarnos que el amor no necesita grandezas. Lo que transforma al mundo no es el poder, sino la ternura. Él viene a nuestras vidas tal como somos, con nuestras alegrías y nuestras heridas, para decirnos: «No estás solo. Yo estoy contigo».

¿Qué podemos hacer esta Navidad?

Queridos hermanos, al contemplar esta escena tan sencilla y tan profunda, pregúntemonos: ¿Cómo podemos vivir una Navidad entrañable?

1. Abramos nuestro corazón: Como María, digamos «sí» a Dios, permitiéndole entrar en nuestras vidas. Tal vez esto signifique dedicar un tiempo a la oración, o simplemente detenernos a agradecer lo que tenemos.

2. Cuidemos a los demás: Como José, pensemos en quiénes necesitan nuestra atención, nuestro cariño, nuestra ayuda. Puede ser alguien de nuestra familia, un vecino, o incluso un desconocido que cruza nuestro camino.

3. Seamos portadores de ternura: Como Jesús, hagamos de nuestras palabras y gestos un reflejo de su amor. A veces, un abrazo, una palabra amable o un perdón pueden ser el mejor regalo.

La Navidad no se trata de cosas grandes, sino de gestos pequeños llenos de amor. Cuando hacemos espacio para Dios y para los demás, algo extraordinario sucede: nos volvemos parte del milagro de Belén.

Esta noche, al volver a casa, contemplemos el pesebre con un corazón nuevo. Pidámosle a Jesús que nazca no solo en nuestras palabras o tradiciones, sino en lo más profundo de nuestro ser. Que María nos enseñe a confiar, que José nos inspire a cuidar, y que el Niño nos llene de la paz que solo Dios puede dar.

Feliz Navidad, hermanos. Que el amor de este Niño divino renueve sus vidas y llene sus hogares de su luz.

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