Hoy, cansado como ciudadano, debo denunciar las corruptelas del gobierno actual de España, sin defender otras siglas, pues al final el poder corrompe y en todos lados hay casos de corrupción. Pero quién debería gobernarnos está tan sumergido en ellos que es de justicia señalar y denunciar.

La corrupción política, más allá de su dimensión legal, es una herida profunda en la confianza ciudadana. No siempre requiere condenas judiciales para demostrar su existencia: a menudo basta con observar el uso ilegítimo del poder, la desviación del interés general y la opacidad en la gestión pública. En el caso del PSOE bajo el liderazgo de Pedro Sánchez, varios escándalos han salido a la luz desde 2020. Frente a ellos, el partido ha elaborado una serie de coartadas políticas y narrativas defensivas que buscan desviar el foco, relativizar los hechos o escudar a los implicados. Este ensayo analiza dichas excusas y las desmonta desde una mirada ética, institucional y ciudadana.
I. Emergencia no es impunidad: el caso Koldo / Ábalos
Uno de los casos más escandalosos fue el de los contratos irregulares de mascarillas gestionados por Koldo García, exasesor de José Luis Ábalos, durante la pandemia. El PSOE ha defendido que se trató de una actuación en un contexto de urgencia, donde se priorizó salvar vidas.
Sin embargo, esta defensa se desmorona al analizar los hechos:
- Se adjudicaron millones de euros a empresas sin experiencia sanitaria, pero sí con conexiones políticas.
- Otros organismos, incluso en situaciones similares, aplicaron controles y mecanismos de fiscalización.
- La red se estructuró para cobrar comisiones, no para actuar eficazmente.
Apelar a la pandemia como escudo es perverso: la necesidad social no puede justificar el lucro privado a costa del sufrimiento colectivo. Si hubo descontrol, hay negligencia. Si hubo conocimiento, hay complicidad.
II. La falsa individualización: el caso Tito Berni
El PSOE reaccionó rápidamente al caso del exdiputado Juan Bernardo Fuentes Curbelo, expulsándolo del partido. El argumento fue simple: «un caso aislado, sin responsabilidad estructural».
Pero el contexto desmiente esta versión:
- La trama incluía a otros cargos públicos, intermediarios, funcionarios y empresarios.
- Se usaron instalaciones del Congreso para celebrar reuniones opacas.
- No hubo autocrítica institucional ni revisión de mecanismos de vigilancia interna.
Esta coartada repite un patrón típico: cuando el escándalo estalla, se sacrifica a un peón para salvar la estructura. Sin embargo, la corrupción no es solo personal: florece cuando las instituciones no vigilan, no previenen y no sancionan.
III. La estrategia del victimismo: el caso Begoña Gómez
Quizá el caso más delicado políticamente es el que afecta a la esposa del presidente, Begoña Gómez, investigada por presunto tráfico de influencias y corrupción en los negocios. El Gobierno ha denunciado una supuesta campaña de «lawfare», impulsada por medios de extrema derecha.
Aunque pudiera haber motivación política en algunas denuncias, esto no anula los hechos objetivos:
- Firmó cartas de recomendación para empresas que luego obtuvieron contratos públicos.
- Lideró una cátedra con financiación privada de empresas beneficiarias de fondos estatales.
- Su posición personal se benefició indirectamente del poder político de su esposo.
Aquí el problema no es solo penal, sino ético. ¿Es lícito que el entorno del presidente tenga acceso privilegiado a información, contactos y contratos públicos? El conflicto de intereses no necesita delito para ser inaceptable.
IV. Nepotismo como síntoma: el caso David Sánchez
El hermano del presidente, David Sánchez, obtuvo un puesto como director de la Oficina de Artes Escénicas en la Diputación de Badajoz. Las sospechas de que el cargo fue creado a medida y de que no cumple con funciones reales han sido contestadas con otra defensa emocional: “se ataca a la familia del presidente”.
Este argumento busca despertar compasión, pero evade la cuestión clave:
- ¿Se creó un cargo público para favorecer a un familiar?
- ¿Ha trabajado realmente o ha cobrado sin presentarse a su puesto?
- ¿Hubo concurrencia pública real o fue un nombramiento a dedo?
El nepotismo no es solo una cuestión legal: es una ruptura de la meritocracia y una señal de que el poder se usa para recompensar lealtades, no para servir al bien común. Apelar al parentesco como escudo es una forma de impunidad sentimental.
V. Silencio cómplice: el caso Leire Díez
En este caso, una militante socialista, Leire Díez, aparece en audios filtrados tratando de conseguir información sensible de la UCO (Guardia Civil), vinculada a investigaciones sobre el PSOE. La respuesta oficial fue: «no representa al partido».
Sin embargo, surgen preguntas inquietantes:
- ¿Por qué alguien sin cargo tiene acceso a círculos de información tan delicados?
- ¿Por qué el PSOE no le abre expediente si considera grave su actuación?
- ¿Cuántas “militantes sin cargo” operan informalmente en redes de poder del partido?
Aquí no se trata solo de lo que hace esta persona, sino de la estructura informal que lo permite. La negación es una forma de encubrimiento. Desvincularse sin investigar es consentir.

La ética no puede esperar a los tribunales
El PSOE ha construido un discurso de defensa que combina victimismo, relativización y desplazamiento de responsabilidades. Pero este relato ignora un principio fundamental de la democracia: la ejemplaridad del poder.
La corrupción no comienza cuando se dicta una condena. Comienza cuando se pervierte el uso del poder, cuando se actúa sin transparencia, cuando se antepone el interés personal al común. Y se consolida cuando las excusas sustituyen a las responsabilidades.
Pedro Sánchez ha acusado a la derecha mediática y judicial de orquestar una campaña en su contra. Pero ninguna campaña puede inventar las pruebas, los contratos, las redes y los nombramientos. La mejor forma de cerrar la puerta al lawfare es abrir la puerta a la ética.
En una democracia madura, los cargos públicos deben someterse no solo al código penal, sino al juicio moral de la ciudadanía. Si la política solo se defiende con coartadas, la corrupción no es solo un accidente: es una forma de gobierno.









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