El don de profecía en los bautizados es una dimensión profundamente espiritual del ser cristiano, arraigada en el bautismo y vinculada a la misión profética del Pueblo de Dios. La Iglesia Católica enseña que todos los bautizados participan del oficio profético de Cristo, aunque de formas diversas y complementarias.
1. Fundamento bíblico y teológico
“Pondré mi espíritu sobre todos…”
“Sucederá que derramaré mi Espíritu sobre toda carne: vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán…”
(Joel 3,1 / Hechos 2,17)
Esta profecía, citada por san Pedro en Pentecostés, muestra que el don profético no está reservado solo a unos pocos, sino que es parte del derramamiento del Espíritu sobre todos los creyentes.
“Un pueblo profético”
“Ustedes son linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido por Dios para anunciar sus maravillas…”
(1 Pedro 2,9)
En virtud del bautismo, todo cristiano participa en el triple oficio de Cristo: sacerdote, profeta y rey. La dimensión profética implica dar testimonio de la verdad de Dios con la vida, la palabra, el compromiso.
2. El don de profecía en el Pueblo de Dios
a) ¿Qué significa profetizar?
No es necesariamente predecir el futuro, sino:
- Hablar en nombre de Dios.
- Discernir los signos de los tiempos.
- Denunciar el mal con valentía.
- Anunciar la esperanza del Evangelio.
b) ¿Cómo se vive en los bautizados?
- En la vida ordinaria, cuando los cristianos anuncian el Evangelio con su palabra y ejemplo.
- En la familia, educando en la fe.
- En el ámbito público, defendiendo la verdad, la dignidad humana, la justicia.
- En la Iglesia, participando activamente en la misión evangelizadora.
San Pablo exhorta:
“Procurad los dones espirituales, sobre todo el de profecía.”
(1 Corintios 14,1)
3. Formas del don profético en la vida cristiana
a) Testimonio personal de vida
La vida coherente con el Evangelio es ya una palabra profética que interpela al mundo. Los santos son ejemplo supremo de esta profecía encarnada.
b) Anuncio explícito del Evangelio
Todo cristiano está llamado a evangelizar con libertad y caridad, incluso si no es predicador de oficio.
c) Discernimiento comunitario
En momentos de crisis, algunos fieles ayudan a la comunidad a escuchar lo que el Espíritu dice a la Iglesia.
d) Palabras inspiradas en la oración
A veces, en contextos de oración o adoración, un cristiano puede recibir una inspiración que consuela, exhorta o ilumina. Esto también forma parte del don profético.
4. Discernimiento: clave para el buen uso del don
Aunque todos pueden participar de la dimensión profética, no todo impulso o palabra es necesariamente profecía auténtica. La Iglesia propone discernir con estos criterios:
- Fidelidad al Evangelio y a la doctrina católica.
- Humildad y obediencia del profeta.
- Frutos de paz, unidad, conversión, amor.
- No buscar protagonismo, sino edificación.
- Aprobación o acompañamiento eclesial, si es necesario.
5. Enseñanza del Magisterio
Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, 12):
“El Pueblo santo de Dios participa también del oficio profético de Cristo. (…) El Espíritu Santo distribuye entre los fieles gracias especiales para edificación de la Iglesia.”
Catecismo de la Iglesia Católica (n. 904):
“Cristo… cumple su oficio profético no sólo por medio de la Jerarquía, sino también por los laicos. Por eso, los laicos son testigos y medios vivos del Evangelio.”
6. Ejemplos de profetas entre los laicos
- Madres y padres cristianos que educan con fe.
- Jóvenes misioneros que anuncian a Jesús con entusiasmo.
- Cristianos perseguidos que no renuncian a su fe.
- Trabajadores que defienden la justicia, la vida, la verdad.
- Abuelas que rezan fielmente y enseñan a sus nietos a confiar en Dios.
7. Conclusión: vivir hoy el don profético
Cada bautizado está llamado a ser un profeta del Reino, no por revelaciones extraordinarias, sino por su entrega cotidiana a la voluntad de Dios.
“El testimonio de vida cristiana y las buenas obras realizadas en espíritu sobrenatural tienen fuerza para atraer a los hombres a la fe y a Dios.”
(CIC, 2044)
Oración para pedir el don profético
“Espíritu Santo, Tú que llenaste a los profetas de tu fuego, renueva hoy en mí el don recibido en mi bautismo.
Hazme profeta de tu verdad en medio del mundo,
valiente para anunciar tu amor,
fiel para denunciar la injusticia,
humilde para escuchar tu voz.
Amén.”









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