Políticos e Iglesia, no se debe votar contra la ley divina

1. Introducción: política, servicio y dignidad humana

La vida política —entendida como la participación en los asuntos de la ciudad, la organización del bien común, la toma de decisiones de carácter público— no es un terreno ajeno a la fe cristiana. Al contrario: la tradición de la Iglesia reconoce que el creyente laico tiene un papel específico en el orden temporal, un papel que no se reduce a la mera acción privada ni al retiro del ámbito público.

Según la enseñanza social católica, la política debe orientarse al bien común, al respeto de la dignidad de la persona humana, y al servicio de la comunidad. Como se afirma en un documento de la Iglesia: “La vida política importa a los cristianos porque se refiere al bien temporal de los hijos de Dios, a quienes estamos llamados a amar”. Asimismo, se enfatiza que no basta con una acción privada orante o caritativa: “El laico está llamado a imprimir la ley divina en los asuntos de la ciudad terrena”.

Por tanto, la Iglesia no se retira ante la política, ni deja la política al margen del evangelio; más bien, propone un discernimiento moral para la acción pública, distinguiendo entre la moral y el orden legal, entre lo que es legítimo en el sistema democrático y lo que debe estar orientado en última instancia por la verdad del hombre y de su relación con Dios.

Este planteamiento es especialmente importante en el momento actual, donde la política parece cada vez más polarizada, el valor del bien común se olvida, la participación ciudadana se debilita, y la sospecha del poder público -y de los políticos- se ha vuelto habitual. Por ello, conviene revisar cómo se concibe el servicio político desde la Iglesia, y luego contrastarlo con lo que estamos viendo en España y en el mundo.


2. El marco doctrinal de la Iglesia sobre política y servicio público

2.1 Principios fundamentales

La Iglesia ha desarrollado lo que se conoce como «enseñanza social católica» (ESC) o doctrina social de la Iglesia. Este cuerpo doctrinal ofrece los principios orientadores para la vida social, económica, política. Algunos de los más relevantes para la política son:

  • La dignidad de la persona humana: cada ser humano creado a imagen de Dios, con derechos inviolables.
  • El bien común: la ordenación de la vida social que permite a todas las personas alcanzar su plenitud.
  • La solidaridad: reconocimiento de que todos somos responsables unos de otros en la comunidad y que la sociedad no puede funcionar sólo en base al interés individual.
  • La subsidiariedad: las funciones sociales han de cumplirse al nivel más adecuado, permitiendo la participación de los ciudadanos en los procesos políticos y sociales, y evitando que el Estado lo cubra todo o que se destruya la iniciativa intermedia.
  • La participación: los ciudadanos, como sujetos de la vida política, deben poder participar, aportar y asumir responsabilidades en la construcción de la vida pública.

2.2 La dimensión política del laico

La Iglesia enseña que los laicos —es decir, los fieles cristianos que no pertenecen al clero o a la vida consagrada— tienen un lugar propio en la política: no simplemente como espectadores, sino como protagonistas-responsables. El documento de la Iglesia explica: “Los fieles laicos […] al usar su libertad en el mundo, han de conformar su actuación a la ley de Dios, también en lo social y en lo político.»

Esto no significa que la Iglesia imponga un programa partidario, ni que los laicos deban actuar en política como “católicos primero, ciudadanos después”. Hay, de hecho, reflexiones que subrayan que la Iglesia no es un partido político, ni propone una ideología específica para gobernar. “Así parece que la Iglesia, como tal, no tiene agendas políticas concretas de partido o de políticas públicas específicas”.

Pero sí pide que los políticos y ciudadanos se dejen guiar por los principios señalados, que valoren los efectos éticos de las decisiones políticas, y que valoren la participación democrática como una forma de servicio. Por ejemplo, un artículo recoge que “una buena síntesis: los laicos ponen la riqueza de su fe en la plaza pública… en la tradición católica, la ciudadanía responsable es una virtud, y la participación en la vida política es una obligación moral”.

2.3 La política entendida como servicio

Un aspecto clave es que la política no ha de entenderse como lucha por el poder, por el interés personal o por el logro exclusivo de grupos, sino como servicio al bien común. La Iglesia enseña que el poder político debe ponerse al servicio de la persona humana y de su dignidad. “Actuar en política de acuerdo con la propia fe … significa que la política está al servicio de la persona y, por tanto, debe respetar y promover la dignidad de todo ser humano”.

El documento “Servicio en la política” de la red católica EWTN afirma que:

“Cuando –en lo que se refiere a realidades que implican deberes morales fundamentales– se propone o realiza una ley o un programa político que contradice principios fundamentales de la fe y de la moral, la conciencia bien formada del cristiano no permite votar por ese programa o ley.”

Esta afirmación muestra que, aunque el político sea un laico, su vida pública no está desconectada de su responsabilidad moral. Si una norma contraviene la dignidad humana, la familia, la vida, el legislador o el votante católico ha de evitar su aprobación, o al menos trabajar por reducir los daños y las consecuencias negativas.

2.4 Democracia, pluralismo y laicidad

La Iglesia católica reconoce que los sistemas democráticos y pluralistas son compatibles —y en muchos casos son la forma más adecuada— para la participación de los ciudadanos y para la realización del bien común. El laicismo saludable (“secularismo sano”) no rechaza la presencia de lo religioso en la vida pública, pero establece fronteras que evitan que la religión se convierta en imposición de partidos o que la política reduzca lo religioso a lo irrelevante. Por ejemplo, en España, el Conferencia Episcopal Española reconoció que existe un “secularismo saludable” en la convivencia Iglesia‐Estado.

Al mismo tiempo, la doctrina social advierte contra dos peligros: que la Iglesia se vuelva inmediatista, meramente política, buscando poder; y que los fieles se aislen de la vida pública. Por ejemplo, una teóloga española señala cómo “la gran tentación del mundo católico es el poder” y por otra parte “la división”.

2.5 Síntesis del marco doctrinal

En resumen, podemos decir que la Iglesia plantea estos puntos fundamentales respecto al servicio político:

  • La política es un ámbito legítimo para el cristiano.
  • La política debe orientarse al bien común, no al interés particular.
  • La participación laical es una responsabilidad moral.
  • El poder público ha de subordinarse —no al clero—, pero sí a la ética, a la dignidad humana y al derecho moral objetivo.
  • El sistema democrático y pluralista no es incompatible con la fe, sino que puede ser soporte para la ciudadanía activa.
  • La Iglesia no propone un programa político de partido, pero sí criterios para juzgar la actuación política.

3. El servicio político según la Iglesia y los retos actuales

3.1 El ideal del servicio político

Para la Iglesia, la política entendida como servicio implica que el servidor público —el político, el legislador, el representante— debe comportarse como un “siervo” más que como un “señor”. Este lenguaje evoca el mandato evangélico del Señor Jesús quien “no vino para ser servido sino para servir” (Mt 20,28). Este modelo recuerda que el político debe tener una actitud de humildad, responsabilidad, transparencia, y también de escucha de los ciudadanos más débiles.

En el plano práctico, significa que las políticas públicas deben dirigirse preferentemente hacia quienes están más desfavorecidos, hacia los vulnerables, y que las estructuras del poder deben permitir la participación ciudadana real. La buena política es aquella que, como afirma la ESC, encarna “la caridad que se concreta en la justicia”.

Además, la Iglesia pide a los ciudadanos que no deleguen completamente la responsabilidad política en otros, sino que actúen como “ciudadanos virtuosos”: informados, críticos, con conciencia, participando del debate público y ejerciendo el voto con responsabilidad. El documento citado afirma: “la ciudadanía responsable es una virtud, y la participación en la vida política es una obligación moral”.

3.2 Los retos que la Iglesia identifica en la política contemporánea

La Iglesia reconoce que la política actual presenta numerosos desafíos que obstaculizan el ideal del servicio:

  • La tentación del poder por el poder: La política se convierte en lucha de intereses, clientelismo, corrupción. Como lo señala una teóloga española, “la gran tentación del mundo católico es el poder” cuando se identifica con estructuras políticas.
  • El relativismo moral: En muchos contextos se difumina la idea de bien objetivo, moral universal, verdad humana, lo que debilita el compromiso de los ciudadanos y políticos con lo que es justo, y facilita que se dicten leyes contrarias a la dignidad humana.
  • La desafección ciudadana y la decadencia de la representación política: Cuando los ciudadanos pierden confianza en las instituciones, se generan vacíos que permiten populismos, autoritarismos o formas de política que no respetan la pluralidad ni el bien común.
  • El debilitamiento de la educación cívica y del bien común: Cuando se privilegia el interés individual frente a la comunidad, la participación desciende y la política se deja a los profesionales sin conciencia del servicio.
  • La politización excesiva de la fe: Cuando los creyentes confunden la misión eclesial con una agenda política partidista, o cuando la Iglesia o los católicos asumen indistintamente listas de partido, se corre el peligro de perder su independencia evangélica.
  • La globalización, la crisis ecológica, la desigualdad, la fragmentación social, la cultura del descarte: todos ellos son retos contemporáneos que exigen una política orientada hacia la justicia, la solidaridad, y la dignidad humana.

3.3 Una llamada a la coherencia

La Iglesia hace una llamada firme a la coherencia —personal y comunitaria— para que la fe se traduzca en vida pública y no quede confinada al ámbito privado. En España, por ejemplo, se ha publicado un manifiesto de la Asociación Católica de Propagandistas que advierte de «un sentimiento de desmoralización en el enfrentamiento a un nuevo desorden social que no ha sido explicado ni votado».

El mensaje es que ser cristiano en la esfera pública no significa entrar en política con listas etiquetas católicas, sino asumir la responsabilidad de aplicar el evangelio, la doctrina social de la Iglesia, y de trabajar por una sociedad más humana. También se recuerda que el político católico (y el ciudadano católico) debe formarse conscientemente, informarse, reflexionar, y actuar.


4. Contraste con la realidad en España

4.1 Contexto general

España ha conocido una larga historia de fuerte vinculación entre la Iglesia católica y la vida política (especialmente antes y durante el franquismo); la transición democrática implicó un nuevo encaje entre Iglesia, Estado y sociedad. Un estudio universitario señala que la Iglesia ayudó a la consolidación de una sociedad civil democrática en España al abstenerse de un papel partidista activo, aceptar la pluralidad y favorecer el proceso democrático.

Sin embargo, las últimas décadas muestran un claro proceso de secularización y de cambio en la relación Iglesia-Estado. Por ejemplo, el presidente de la Conferencia Episcopal Española ha dicho recientemente que “ya no vale decir: soy católico porque nací en España”.

4.2 Tensiones Iglesia-Gobierno

En España la relación entre la Iglesia y los gobiernos de turno ha experimentado tensiones crecientes, especialmente cuando se plantean leyes que la Iglesia considera contrarias a sus principios (por ejemplo sobre eutanasia, aborto, enseñanza, financiación de la Iglesia). Un ejemplo: un obispo describió una “perturbadora discrepancia” entre la Conferencia Episcopal y el gobierno de coalición español por líneas legislativas relativas a la libertad de conciencia y la enseñanza religiosa.

Por tanto, aunque formalmente hay independencia entre Iglesia y Estado, la dinámica política ha marcado una divergencia creciente entre lo que la Iglesia marca como criterios y lo que el poder legislativo impulsa.

4.3 Servicio político versus prácticas reales

Al contrastar el ideal con la práctica política española se pueden observar algunas áreas de divergencia:

Corrupción y clientelismo: A pesar de los avances institucionales, aún persisten casos de corrupción, nepotismo o utilización del poder público para intereses particulares, lo cual contraviene el ideal de servicio al bien común.
Desafección ciudadana y envejecimiento simbólico de la política: Muchos ciudadanos sienten que los partidos y los políticos no les representan, que las decisiones se toman lejos de la gente y que la política se profesionaliza y se burocratiza. Esto va en contra de la participación de los ciudadanos que la Iglesia propone.
Desconexión entre el ciudadano y la fe pública: La secularización creciente implica que muchos católicos no ejercen su ciudadanía en clave de evangelio, o que la fe no influye en su visión política. Esto socava la dimensión laical activa que la Iglesia propone.
Polarización ideológica y pérdida del bien común como horizonte compartido: En España, la confrontación entre bloques ideológicos muy fuertes a veces hace que se priorice la victoria partidista sobre el diálogo, la búsqueda del bien común o la verdad.
Uso de la religión para generar ventajas partidistas: Aunque la Iglesia desaconseja la politización de la fe, hay casos donde la fe o símbolos religiosos se emplean para ganar apoyos electorales, lo que degrade la dimensión espiritual de la política.

4.4 Ejemplos: leyes, debates y movilización

Un buen ejemplo es la ley de eutanasia en España, aprobada el 18 de marzo de 2021, que la Iglesia cuestionó profundamente. El análisis sociológico muestra cómo organizaciones católicas-inspiradas movilizaron contra la ley, en medio de alianzas con la derecha y con un discurso de “moral panico” frente a la nueva normativa.

También cabe destacar el declive estadístico de la práctica religiosa en España — lo cual afecta la influencia de la Iglesia en la esfera pública — y ello incide en la capacidad de la Iglesia de intervenir socialmente como actor de referencia moral.

4.5 Una mirada esperanzada desde la pastoral

Desde la pastoral, esta realidad plantea al menos tres líneas de acción para agentes eclesiales, que para ti, Sergio, pueden ser útiles en tu acompañamiento de agentes de pastoral:

  • Fomentar la formación política-ciudadana de los creyentes, para que asuman su papel público desde la fe, no como opcional, sino como vocación.
  • Promover una conversión cultural: que la ética del servicio, de la dignidad, del bien común, sea reconocida también en el ámbito político-social, no solo en lo privado.
  • Acompañar la participación (especialmente de los jóvenes) en la sociedad civil, en iniciativas públicas, en el voluntariado, en la deliberación democrática, para recuperar el tejido de ciudadanía que la Iglesia propone.

5. Contraste con la realidad mundial

5.1 Diversidad de situaciones y factores globales

La Iglesia católica, al ser global, observa que la política y el servicio público presentan en el mundo real una enorme diversidad: desde democracias consolidadas hasta regímenes autoritarios, desde sociedades mayoritariamente cristianas hasta aquellas en las que los católicos son minoría. Esto implica que los retos varían, pero también que los principios de la ESC tienen aplicación universal.

Por ejemplo, en EE.UU. se plantea la pregunta de cómo la Iglesia puede contribuir al diálogo cívico en una democracia liberal con separación de Iglesia-estado. O bien, la ESC se ofrece como “humanismo integral y solidario” capaz de crear un nuevo orden social, económico y político basado en la dignidad, la libertad y la fraternidad.

5.2 Tendencias globales que contrastan con el ideal de servicio político

Populismos, autoritarismos, personalización del poder: En muchas partes del mundo, la política se ha desplazado hacia líderes carismáticos que prometen soluciones rápidas, a veces al margen de los procesos democráticos o del pluralismo. Esto va en contra de la visión de política como servicio al bien común y pacto ciudadano.
Corrupción y captura del Estado: A nivel mundial, la corrupción sigue siendo una plaga que erosiona la confianza ciudadana, debilita las instituciones y coloca intereses privados sobre el bien común.
Desigualdad global y exclusión: La globalización ha generado enormes concentraciones de poder, recursos y riqueza, mientras muchos quedan excluidos. La Iglesia habla de la “cultura del descarte” y exige una política que atienda a los más pobres.
Despolitización o banalización de lo público: En sociedades altamente individualizadas, la participación política se debilita, los ciudadanos se sienten impotentes, y la política se convierte en espectáculo o en mero consumo de noticias.
Conflicto entre valores universales y derechos humanos versus intereses nacionales o económicos: La tensión entre lo global y lo local, entre derechos universales y soberanías nacionales, genera un terreno complicado para la política al servicio del hombre.

5.3 Buenas prácticas y desafíos específicos

Hay países donde la Iglesia ha jugado un papel positivo en la consolidación democrática, en la defensa de los derechos humanos, en la movilización por la justicia social. Por ejemplo, en América Latina en los años noventa, la Iglesia acompañó transiciones democráticas y procesos de justicia social. Pero también hay realidades donde la Iglesia es silenciada o perseguida, o donde los políticos usan lo religioso para sus propios fines.

Un reto global particular es la politización de lo religioso, o la religión reducida a ideología de estado, lo que desvirtúa la misión evangelizadora y el servicio al bien común. Algunos movimientos católicos han sido acusados de “porfiar ideologías” en lugar de evangelizar, lo que crea contradicciones entre fe y política.

5.4 Reflexión desde la globalización y el servicio político

Desde la visión de la Iglesia, en el mundo globalizado actual hay más que nunca necesidad de una política que reconozca la interdependencia humana (“somos todos responsables unos de otros”), que proteja a los más vulnerables, que promueva la dignidad y la justicia. La ESC ofrece un marco para este tipo de política: no cerrado, no ideológico, sino basado en la razón, la fe, la experiencia humana.

Y se exige una ciudadanía global: los cristianos (y los ciudadanos de buena voluntad) deben asumir que sus decisiones políticas tienen repercusiones más allá de sus fronteras, que la solidaridad no puede ser solo local, o selectiva, y que la política del mañana debe ser más humana, más ecológica, más justa.


6. Síntesis del contraste España / mundo

6.1 En España

  • Se constata una pérdida de prominencia social de la Iglesia, lo que reduce quizá su influencia moral directa.
  • Existen tensiones entre la Iglesia y los poderes públicos por leyes y reformas percibidas como contrarias a la enseñanza católica (eutanasia, aborto, enseñanza, libertad de conciencia).
  • La política española añade retos propios: polarización, clientelismo, escasa participación ciudadana activa y creciente secularización.
  • También hay un llamado desde la Iglesia en España hacia la coherencia, la formación ciudadana y la revitalización del protagonismo laical en lo político-social.

6.2 En el mundo

  • La Iglesia mantiene los mismos principios, pero debe adaptarlos a contextos muy diversos: sociedades en desarrollo, regímenes autoritarios, democracias maduras, etc.
  • Los retos globales (desigualdad, corrupción, populismo, globalización, crisis ecológica) exigen una política al servicio del hombre y del bien común más urgente que nunca.
  • Hay una oportunidad para que el servicio político sea una vía de evangelización: cuando los cristianos actúan en la política con coherencia, promueven la dignidad, la justicia, la paz.
  • Pero también hay peligro de que la religión sea instrumentalizada políticamente, o que la política se convierta en una herramienta de poder sin servicio.

6.3 Implicaciones para la pastoral y el acompañamiento

Para ti, que trabajas en la formación de agentes de pastoral, este contraste genera varias implicaciones:

  • Formar agentes que comprenden la dimensión política de la fe: que no se limiten a lo privado o eclesial, sino que asuman el llamado al ciudadano.
  • Desarrollar en ellos una cultura del discernimiento político: no caer en partidismos simplistas, ni en la abstención resignada, sino en la participación crítica y creativa.
  • Acompañar comunidades que se sientan vulnerables en su relación con lo público, fomentando su empoderamiento democrático, su participación en la sociedad civil, y su compromiso con el bien común.
  • Revisar los esquemas de poder, jerarquía y servicio dentro de la pastoral, para que ésta sea auténticamente “al servicio” y no reproduzca lógicas de dominación o clientelismo.
  • Promover la dimensión global de la fe, para que la política al servicio no quede confinada al local o nacional, sino que tenga una visión que integra lo universal, lo ecológico, lo interdependiente.

7. Algunos desafíos concretos actuales y cómo abordarlos desde la enseñanza de la Iglesia

7.1 Corrupción y falta de transparencia

La corrupción —malversación de recursos públicos, falta de rendición de cuentas, nepotismo— socava la política como servicio. Desde la Iglesia se subraya que el poder político debe responder al bien común, no al interés privado. Por ello, los discípulos de Cristo y los ciudadanos creyentes están llamados a exigir transparencia, control ciudadano, educación cívica.

7.2 Caída de la participación ciudadana y desconfianza en las instituciones

Cuando los ciudadanos no participan, se reduce la capacidad de que la política sea auténticamente democrática y al servicio. La Iglesia invita a una participación responsable, no clientelar. En España, la secularización dificulta que los ciudadanos se reconozcan como sujetos activos de la vida pública. Pero ese es un reto pastoral: reconstruir la ciudadanía, la confianza, la corresponsabilidad.

7.3 Polarización, populismo y pérdida del diálogo

La política actual con frecuencia se convierte en enfrentamiento, en etiquetas, en “nosotros/ellos”. Esto es contrario al bien común y al servicio compartido. La enseñanza de la Iglesia pone en valor el diálogo, la apertura, la hospitalidad, la participación de todos, especialmente de los más vulnerables. Lo pastoral tiene que recuperar espacios de encuentro, de deliberación, de escucha.

7.4 Globalización, crisis ecológica, economía y justicia social

La política al servicio no puede ignorar que los efectos de las decisiones trascienden fronteras: el cambio climático, las migraciones, las desigualdades globales. La ESC pide una política integradora, ecológica, solidaria. Los agentes de pastoral pueden ayudar a que los ciudadanos comprendan que su voto y su compromiso tienen implicaciones globales, y que el bien común incluye la creación, los migrantes, los pobres.

7.5 Religión, laicidad y pluralismo

En sociedades pluralistas, la Iglesia no debe imponer, sino ofrecer razones de la fe que puedan ser acogidas libremente en el espacio público. La enseñanza insiste en que la política no está al servicio de la religión, sino que la religión —o más bien la visión cristiana del hombre— acompaña la política para que ésta sea humana. También advierte que el político católico no puede “votar por un programa que contradice el contenido fundamental de la fe y de la moral”.


8. Hacia una política-servicio renovada: propuestas pastorales y de acción concreta

Dado este contraste entre ideal y realidad, y partiendo de tu rol de formador y acompañante, sugiero algunas líneas de acción para promover una política-servicio renovada desde la pastoral:

  1. Formación y conciencia ciudadana: Diseñar seminarios, talleres o módulos en tus clases de liderazgo online especializados en «ciudadanía activa», «ética pública», «servicio político». Ayudar a los agentes de pastoral a entender el cómo y el porqué de su participación.
  2. Reflexión teológica y social de la política: Ofrecer espacios de lectura y reflexión de documentos de la Iglesia (por ejemplo el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia) para que los participantes se formen en los principios.
  3. Promoción de la ética del servicio: Fomentar en los agentes de pastoral y en los ciudadanos la cultura del “servicio antes que poder”, de la transparencia, de la rendición de cuentas, de la lucha contra la corrupción, de la prioridad de los últimos.
  4. Impulso de la participación desde la base: La pastoral debe motivar a los laicos a involucrarse en la vida comunitaria, en el voluntariado, en iniciativas sociales, en deliberaciones políticas locales, en consejos ciudadanos, en Cáritas, etc., para que la política deje de ser “algo de otros”.
  5. Educación al discernimiento político: Con herramientas de análisis de la realidad social, de los datos, de la ciencia política, para que los creyentes tomen decisiones informadas, hallen las claves del bien común, y no caigan en la simplificación partidista o en la resignación.
  6. Construir puentes y dialogar: En un contexto polarizado, la pastoral puede favorecer espacios de encuentro entre creyentes y no creyentes, para debatir los grandes temas públicos (familia, vida, pobreza, migración, ecología) con el horizonte del bien común y no sólo del interés partidista.
  7. Visión global-local: Ayudar a que los creyentes comprendan que su acción política local tiene impacto global, y que su compromiso global (con la creación, con los derechos humanos, con la paz) debe plasmarse localmente.
  8. Vigilancia moral de la política y de los políticos: La Iglesia no desempeña el papel de partido político, pero sí tiene una función profética: señalar cuando la política vulnera la dignidad humana, cuando se olvida del bien común, cuando se instrumentaliza la fe. Esto requiere una voz serena, evangelizadora, crítica.

9. Conclusión

El llamado de la Iglesia católica a la política como servicio es, en el fondo, un llamado a la plenitud del hombre: a que el orden temporal esté configurado de tal modo que favorezca la dignidad de cada persona, la participación de todos, la solidaridad concreta, y el cuidado de la creación. En ese sentido, la política deja de ser simplemente táctica, lucha por el poder o mera administración; se convierte en vocación de servicio, testimonio de la fe, ejercicio de la responsabilidad ciudadana.

En España, aunque la secularización, las tensiones Iglesia-Estado y las dinámicas propias de la política contemporánea dificultan que ese ideal se realice plenamente, la Iglesia sigue insistiendo en la formación, la participación, el bien común. A nivel mundial, los retos son aún mayores: corrupción, desigualdad, globalización inapropiada, autoritarismos, pero también la oportunidad de que los cristianos colaboren en la construcción de una “civilización del amor” (como la llama el compendio de la doctrina social).

.

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑