El liderazgo Benedictino. Familia y monjes

Hay obras que nunca pasan, que aún después de muchos siglos se muestran fecundas en nuevas inspiraciones para la vida humana, no exploradas por las generaciones anteriores. Entre estas obras cabe enumerar, sin duda alguna, la Regla de San Benito. Escrita hace mil quinientos años como fruto de una profundización original de la tradición monástica precedente, tanto oriental como occidental, y de la experiencia de una vida enteramente dedicada al servicio de Dios, la Regla de San Benito esconde en su aparente sencillez tesoros de profunda sabiduría humana y espiritual.

La obra de Benito estaba destinada a los monjes; podríamos pensar que el autor no tiene nada que compartir con la vida seglar y, en modo especial con la vida familiar. El autor de este librito que ahora presentamos nos demuestra todo lo contrario: viviendo en una época trágica de guerras, carestías, pestes, invasiones y corrupción civil y moral, Benito quiso enseñar a los hombres de su tiempo cómo se puede vivir juntos en la paz, en la armonía, en el respeto recíproco y en la caridad cristiana. Es por ello que los monasterios benedictinos no fueron para las generaciones futuras sólo oasis de espiritualidad, sino también modelos fecundos de civilización y de vida comunitaria. Los métodos racionalistas de la crítica histórica no podrán nunca medir el influjo enorme que el ejemplo de la vida benedictina tuvo en la vida social y en las familias de los siglos pasados.

Todo esto hoy queda fácilmente olvidado. No obstante, la experiencia actual de la disolución de la vida familiar, a la que parece no encontrarse todavía un remedio eficaz, puede hacernos descubrir bajo una nueva luz la enseñanza perenne de san Benito sobre la vida común.


El autor de este libro que, entre otras bondades, tiene el regalo de la brevedad pero dice mucho en poco espacio, nos permite palpar con nuestras manos la grandeza de la sabiduría benedictina, no solo como guía para comunidades religiosas, sino también para dar nueva vida y nueva esperanza a la comunidad familiar. No serán, efectivamente, las conferencias y las discusiones de grupo, ni siquiera las reformas legislativas, por deseables que éstas sean, las que salven la institución familiar, sino únicamente la propagación de un modelo vivo de vida en sociedad que sea la alternativa al modelo actualmente imperante. “Y yo creo poder afirmar- escribe nuestro autor- que existe un solo modelo que puede ser propuesto eficazmente a las familias: el modelo benedictino tal como brota de la Regla y de la tradición”

¿Tiene razón? Dejamos al lector la respuesta. Nosotros nos limitamos a recomendar vivamente a todas las familias, cristianas o no cristianas, la lectura de estas densas páginas, escritas con pasión no común y, por tanto, provocadoras y estimulantes.

La Regla de San Benito es la normativa que el santo patrono de Europa estableció para vivir en sus comunidades monásticas, unas comunidades que debían preservar la civilización, la cultura y en general la paz y el amor, en un contexto de violencia, corrupción y saqueo, con el Imperio Romano hundido y los ostrogodos y otros bárbaros aposentándose entre las ruinas.

Sus 73 capítulos durante quince siglos han guiado la vida de decenas de miles de hombres y mujeres en cientos de comunidades de todo el mundo. Podríamos considerarla una “fórmula probada” para vivir como cristianos en comunidad.

Qué se puede aplicar a la vida familiar:

¿Y si se intentara aplicar a la vida familiar en el siglo XXI? También las familias cristianas del siglo XXI intentan ser como los monasterios del siglo V, islas de paz, amor y respeto a Dios, rodeadas de un ambiente hostil, bárbaro e impío, que vive de crear ruinas y saquearlas.

Él señala que la Regla Benedictina aplicada a la vida familiar produciría cambios en estos 6 ámbitos:

1) Cambios en el trabajo.
Como en un monasterio (con su “ora et labora”), todos ayudarían en las labores domésticas, se aceptaría e inculcaría el sacrificio de uno mismo en el servicio a los demás. Además, quedaría claro que la vida laboral no se debería privilegiar sobre la vida familiar.

2) Cambios en el descanso.
Las películas y los juegos se compartirían juntos, no en solitario. Habría ratos de recreo y juego en común tras la cena familiar, parando el ritmo para encontrarnos y descansar. «El reposo es un tiempo de comunión con Dios y con las almas y de alegría por esta comunión», escribe el autor.

3) Cambios en las comidas.
Se rezaría antes de las comidas. Y comerían juntos los miembros de la familia, no a horas distintas en habitaciones distintas. Sería un momento de conversación, de compartir ideas, experiencias, tiempo. Estar juntos para comer ayuda a las familias, y no solo porque lo digan los benedictinos, sino que también lo han demostrado numerosos estudios sociológicos. Pero para eso la televisión debe estar apagada.

4) Cambios en hábitos de consumo.
Una familia “al estilo benedictino” evitará el lujo y la superficialidad. No llenará las habitaciones de los niños de cosas y juguetes. Se establecerá una gran sobriedad en el uso de elementos electrónicos, tanto entre padres como entre niños (horarios de pantallas apagadas, limitar uso de pantallas, etc…). Se buscará que el uso de los objetos electrónicos sea comunitario: mejor ver juntos una película que ir cada uno a jugar un juego distinto en su dispositivo particular. En cualquier caso, reduciendo al mínimo las pantallas, se fomentaría la lectura y la conversación.

5) Cambios en la vida de oración.
Habrá un lugar para rezar y un tiempo para rezar, a ser posible con un pequeño altar familiar para la oración en común. Se bloqueará la “invasión mundana” creando un clima en el que padres e hijos puedan encontrarse con Dios cada día.

6) Cambios en la caridad y solidaridad.
La familia buscará evitar el centrarse o cerrarse en sí misma: será acogedora, buscará aliviar en lo posible los sufrimientos ajenos, pondrá a los hijos en contacto con los más desfavorecidos.

Así Massimo Lapponi anima a poner en marcha estas medidas: “las familias de hoy están llamadas a ser islas luminosas de fe, educación y cultura en medio del barrio, del colegio, en el supermercado, en el parque, con los amigos… Se trata de construir el futuro como hicieron los hijos de san Benito, buscando a Dios”.

El autor presenta el libro con una cita de san Cipriano: «No hablemos de cosas grandes; las vivimos».

SAN BENITO Y LA VIDA FAMILIAR UNA LECTURA ORIGINAL DE LA REGLA DE BENEDICTINA de Don Massimo Lapponi

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