El líder desarrolla su mentalidad

Volver a pensar de nuevo los conceptos.

La mentalidad de un individuo depende, sobre todo, de su comportamiento y no de proceso intelectual alguno.

Un líder desarrolla positivamente su mentalidad, pues con ella crea cultura.

Veamos el ejemplo de una orquesta sinfónica. Su mentalidad se caracteriza por la habilidad de integrarse en un equipo compenetrado de forma excelente para seguir la batuta del director. Cada uno de ellos, tiene la misma mentalidad. Ha de ser un virtuoso de su instrumento particular, que no se cansa de ensayar, ya que un buen trabajo en equipo, exige que, primero, cada miembro sea muy bueno en su propia tarea. Así es como el resultado global es una interpretación magistral.

En un segundo ejemplo contemplemos un grupo humano muy distinto. El nacionalsocialismo (nazismo) dejó sobre el terreno cincuenta millones de muertos, en su inmensa mayoría inocentes. Pone de manifiesto, de forma concluyente, la importancia que tiene la mentalidad, la cultura, el mundo interpretativo, el estado de conciencia, el espíritu que los anima, o como se quiera llamar, ya que se actuará de acuerdo con él.

Actúa según los valores humanos más valiosos, o acabarás pensando como actúas y creyendo las barbaridades más bárbaras.

En un tercer ejemplo un grupo de voluntarios de un comedor de Cáritas que ayuda a gente necesitada. Cocinan y sirven comidas a personas desafortunadas que no tienen qué llevarse a la boca. Sus valores, actitudes y creencias les llevan a sacrificarse voluntariamente por sus hermanos en la desgracia, con los apartados, cosa que hacen con profunda satisfacción.

Por tanto la mentalidad es un estado de la mente o neurológico aprendido y elegido. Siempre es modificable y siempre debe ser mejorado, aunque esa tarea pueda no ser fácil y aquí es donde uno se abandona a la Gracia de Dios.

Sigamos poniendo ejemplos, en este caso un grupo de trabajadores manifestando con violencia su descontento por sentirse engañados y explotados. Puede que con razón o sin ella. No se trata de que sus condiciones de trabajo o su situación económica sean malas; incluso podrían ser muy buenas. Lo que manifiestan es un estado de conciencia por el que se sienten unos perdedores, miserables, marginados y derrotados ante los problemas de la vida, lo cual les vuelve socialmente peligrosos.

Lo que sí está claro es que no están dirigidos por un líder excelente que les habría sacado de esa situación marginal y de tan pobre opinión sobre sí mismos.

Por fin hablemos del Consejo Pastoral de una parroquia o de los sacerdotes que la rigen o de superiores de una comunidad religiosa. Lo quieran o no lo quieran, lo sepan o lo ignoren, crean forzosamente la cultura de toda la organización; aunque esto sea lo único que realicen. Y aquí es donde está el gato encerrado: esta cultura o mentalidad, que es el aspecto más radical de la organización, no es cuestión de técnicas, ni tecnologías, ni políticas o normas, ni por aspectos financieros, sacramentales (bautismos, comuniones, confirmaciones…) o numéricos de pastoral a la antigua, aunque sí tengan una cierta influencia en ella.

Sólo un líder excelente sabe de verdad que está a cargo de personas inteligentes, que tienen dignidad y pueden y deben ser corresponsables. Con frecuencia, el superior, cree que dirige gente anónima, sin rostro, del montón, fieles sin nombres. Incluso a veces cree que simplemente dirige material reciclable, almas, así en grueso. Hoy estaré aquí, mañana quizá en otro lugar con las mismas gentes diciendo lo mismo o cosas más pesadas.

La persona y su mentalidad marcan la diferencia.

Muchos superiores o responsables creen que su función principal es organizar a los demás y decirles qué es lo que hay que hacer. Ese es un error universal que hoy día cada vez funciona menos. Quizá ha llegado el momento de volver a pensar de nuevo las cosas, y no creernos lo que todo que siempre se ha hecho. Hacer todas las cosas nuevas. Solo el amor lo consigue.

Volvemos a los conceptos de cultura de la muerte vs. cultura de la vida, cultura de miedo vs. cultura de confianza, civilización del odio vs. civilización del amor.

Cambiar la mentalidad es convertirse al Señor, metanoia.

Clase 9ª: El liderazgo y la mentalidad del Patriarca Abraham.

Del libro: Diez Principios Fundamentales del Liderazgo.

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