Necesitamos testigos, no ideólogos

Vivimos en una crisis de las Culturas. De las posibilidades del hombre por crecer y dominar la tierra, hemos llegado a la posibilidad de auto destruirnos, de auto manipularnos. El hombre del futuro podrá diseñarse a sí mismo, será seleccionado, como se puede leer en la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley.

Además de esto existen problemas mundiales que no han acabado: el hambre, la pobreza, el desgaste de la tierra, las pandemias, el choque de culturas, la civilización del odio más viva que nunca y la cultura de la muerte.

Con todo el avance técnico que el hombre ha conseguido, sin embargo, el avance moral no ha sido acompasado. Precisamente cuando la moral es la única que puede dar la respuesta adecuada a las amenazas que se ciernen sobre nuestra existencia (conferencia del Subiaco, Benedicto XVI).

Hay un desequilibrio peligroso entre las posibilidades técnicas y nuestra energía moral. El moralismo ha caído del lado del partidismo político. No es un deber personal, sino una pretensión social dirigida, privada de racionalidad. Este moralismo político no regenera, sino que bloquea. Quedan valores que se prestan a cualquier tipo de abusos. Empobrece.

El expresidente de España José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) en dos ocasiones delante de público dijo aquella frase que enmendaba a Jesucristo: “Habéis oído que la verdad os hará libres, pues yo os digo que no, que es la libertad (la verdad cívica) la que nos hace verdaderos” (J. L. RODRÍGUEZ ZAPATERO, Asamblea de las juventudes del PSOE, julio 2005; Desayuno de oración, Washington, EEUU, febrero 2010).

Europa fue un continente cristiano, el cristianismo no surge de Europa, viene de Oriente, establece en Europa su trono y crea la Cristiandad y es una de las bases del continente: el derecho romano, la razón griega, el cristianismo y el germanismo en occidente así como el eslavismo en oriente (Luis Suárez dirá que otro componente de Europa será el hebraico por la Biblia), que algunos por su anticlericalismo y ateísmo fundamentalista quieren hacer desaparecer de la misma constitución europea y de las bases de la cultura occidental.

“El impulso religioso es el que proporciona la fuerza cohesiva que une a la sociedad y a la cultura. Las grandes civilizaciones mundiales no crean las religiones como si fuera un producto derivado. Las religiones son en sentido auténticamente real los fundamentos en que descansan las grandes civilizaciones. La sociedad que pierde su religiosidad se convierte, tarde o temprano, en una sociedad sin cultura. La religiosidad es la clave de la Historia y es imposible comprender una cultura a menos que entendamos sus raíces religiosas (C. DAWSON, La dinámica de la historia universal, Rialp, Madrid 1961)”.

Sin embargo, la racionalidad excluye a Dios, pues Dios solo es parte de las decisiones subjetivas de los seres humanos, irrelevante para la vida pública. Esto ha desordenado la conciencia moral.

Nada en sí es bueno o malo, todo depende de las consecuencias. La libertad es el valor fundamental que lo mide todo, esta ideología, parece mentira, pero ataca a la misma libertad, pues se hace dogmática.

Hay que tener el valor de hablar de las contradicciones internas que tiene la cultura ilustrada. “Las ideologías no buscan la verdad. Imponen su visión preconcebida del hombre y del mundo, esquemática, materialista y utópica” (J. R. AYLLÓN, El mundo de las ideologías, Biblioteca Homo Legens, Madrid 2020). La filosofía ilustrada ha sido separada de sus raíces, un continente de fe cristiana, y con eso se ha acabado despreciando al hombre.

¿Esto significa por nuestra parte despreciar y rechazar el Iluminismo y la modernidad? Responde Benedicto XVI que, de ninguna manera, porque el cristianismo es la religión del “logos”, es una religión según razón, cree en el Espíritu Creador y postula entre otras tantas cosas, la libertad de la fe y de conciencia.

La Ilustración es de origen cristiano, ha nacido exclusivamente en un ámbito de fe cristiana. Hay que conciliar modernidad y cristianismo. No debemos despreciar un diálogo afincados en la fe del “logos”, hay que estar abiertos a lo que es verdaderamente racional. Ayudando a definir normas morales esenciales y plenamente humanas incluso en el caso de que “Dios no existiera” (etsi Deus non daretur), como diría Pascal.

Una verdad incómoda para nosotros es el testimonio negativo de cristianos de renombre y en cargos importantes de las distintas curias que hablan de Dios y viven contra Él. Esto ha oscurecido la imagen de Dios y ha abierto una puerta a la incredulidad.

Necesitamos testigos que mirando a los ojos a Jesucristo aprendan la verdadera humanidad. Los hombres que hayan sido tocados por lo divino pueden volver entre los hombres para ayudar a los demás a mostrar el verdadero rostro de Dios, como ocurrió en su tiempo con San Benito de Nursia, como Abraham mismo.

La familia según la regla de san Benito, ebook de Dom Massimo Lapponi, O.S.B.

Catequesis de Benedicto XVI sobre San Benito.

ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
EN LA ABADÍA DE MONTECASSINO

Clase de liderazgo basada en Abraham, nuestro padre en la fe.

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