Dos virtudes de Jesucristo: la valentía y la prudencia

Introducción.

Cristo tiene una voluntad humana muy firme. Aparece, por ejemplo en el evangelio de Lucas, su decisión de ir a Jerusalén: “Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén” (Lc 9, 51). Esta voluntad humana ha sido afirmada por los Concilios de la Iglesia (CEC 475). Hechos a imagen de Cristo, verdadero hombre, tenemos en su voluntad el modelo al que nuestra se ha de amoldar.

A. Valentía y decisión. Datos de los evangelios:

I. La “diligencia” de Cristo.
Los datos evangélicos son claros. Cuando hay que tomar una decisión, Cristo la toma, sin dilaciones. El lenguaje es decidido en el texto varias veces citado que hace referencia a la Encarnación “Sacrificios y oblaciones no quisiste, pero me has dado un cuerpo: He aquí que vengo a hacer tu voluntad” (Hb 10) En María y José se da esta decisión en los pasajes de la infancia: después del anuncio del ángel, sin pensarlo dos veces, “José se levantó, tomó al niño y a su madre y se fue a Egipto” (Mt 3,13-15). María “se fue con prisa a la montaña” a servir a Isabel (Lc 1,39). Cristo hace lo que tiene que hacer sin esperas. Incluso en la última cena le dice a Judas: “lo que has de hacer, hazlo pronto” (Jn 13,27).

II. La valentía en las obras de Cristo.
La valentía de Cristo aparece en el ayuno del desierto, y en el no huir de la situación difícil de la tentación. Es la verdadera voluntad humana de Cristo la que actúa en esos momentos de su vida, lo mismo que actuará en el momento de Getsemaní. Especialmente la segunda parte de la vida pública de Jesús, ésta se desarrolla ante grandes riesgos. Tomás, el Mellizo, afirma en Jn 11,16: “vayamos también nosotros a morir con él”. Esta valentía en las obras la constata Jn justo antes de la pasión. “Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si alguno sabía dónde estaba, lo notificara para detenerle” (Jn 11, 47) y sin embargo, seis días después, Jesús entra de forma triunfal en Jerusalén a la vista de todo el mundo.

Otro pasaje donde aparece de manera clara la valentía es la expulsión de los mercaderes del templo (Mc 11,15; Lc 19,45).

Y la obra de Cristo donde aparece por excelencia la valentía de Cristo es la Pasión. Aparece en su silencio ante Herodes, en el dialogo con Pilatos, en la respuesta dada al criado del sumo sacerdote que le dio la bofetada, etc.

III. La valentía en las palabras de Cristo.
En el inicio de su ministerio (Lc 4, 16-28), en Nazaret, siendo consciente Cristo que le iban a rechazar los suyos, va a la sinagoga y les anuncia su mesianismo. En este, como en muchos otros momentos de su vida, Cristo no se calla lo que tiene que decir. Su valentía aparece en sus discusiones con los escribas y fariseos. Estas discusiones aparecen en el Evangelio de Juan como un elemento determinante de la muerte de Cristo. Por ejemplo, Jn 8,57: “Entonces los judíos le dijeron: ¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham? Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo. Antes que naciese Abraham, yo soy. Entonces tomaron piedras para tirárselas.”

Prácticamente todas las parábolas están dichas con una gran valentía, teniendo en cuenta a los interlocutores. Pensemos también en los logia en los que cambia la ley de Moisés en el Sermón del Monte. No exagero al afirmar que enumerar todos los pasajes sería citar la mitad del Evangelio.

Cristo recomienda esta valentía a los discípulos: “Os digo a vosotros, amigos míos: no temáis a los que matan el cuerpo y después de esto no pueden hacer nada más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a Aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito, temed a ése” (Lc 12,4). Las consecuencias de la cobardía para con Cristo son claras: “el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios” (Lc 12, 9). En el caso de los apóstoles, una vez que descendido sobre ellos el Espíritu Santo en Pentecostés, estos predican con valentía. El nombre griego de esta virtud, que aparece varias veces en Hech es parresía.

IV. El imperativo.
Leyendo el evangelio aparece muy frecuentemente el uso de este tiempo verbal en Cristo, uso que refleja una voluntad decidida. Aparece en las vocaciones de los discípulos, en los exorcismos, en los milagros. Incluso con Herodes, le da una respuesta fuerte llamándole zorro: “id y decid a ese zorro” (Lc 13, 31).

V. Algunas reflexiones.
a. La valentía de Cristo tiene un sentido pedagógico: en la resurrección de Lázaro, a la pregunta de los discípulos de cómo es posible que quiera volver Js a Judea, éste responde que debe caminar en la luz. La valentía de Cristo es una afirmación implícita de la inocencia del siervo de Yahveh.
b. La valentía es consecuencia de su conciencia. El misterio de la Encarnación, tiene consecuencias en el entendimiento humano de Cristo y en la voluntad del Hijo de Dios. Sin duda, este comportamiento de Cristo es manifestación de su ser. Su ser filial hace que no venza todo miedo humano en su cumplimiento de la voluntad del Padre. Es más, Cristo es consciente de que es necesario de que se cumplan todo el plan del Padre. Este convencimiento actúa como motor de su vida.


B. Prudencia de Cristo. Prudencia del Cristiano.

La prudencia como virtud se da de forma eximia en Cristo. Ésta consiste en saber en cada momento qué ha de hacerse u omitirse en virtud del fin último. La prudencia es una virtud que rige la actividad intelectual, poniendo a la razón en la verdad. Caben dos desviaciones contrarias a la prudencia: la prudencia según la carne, que es la cobardía, y la imprudencia. El imprudente distorsiona la realidad llevando su juicio más allá de su información, es precipitado, etc. Ninguna de estas dos desviaciones se dio en Cristo. Es llamada “auriga virtutum”.

El no actuar siguiendo la prudencia según la carne se ve en todos los ejemplos citados como valentía en los apartados anteriores. En cambio, lo que podía parecer imprudencia si uno se rige sólo por la luz de la razón natural, -que en Cristo no hay- en el momento en que se considera el plano sobrenatural, aparece la virtud de la prudencia. Por eso todo lo que hemos considerado valentía en Cristo es prudencia bien entendida. Cristo sabe perfectamente cómo actuar en cada caso.

Estas reflexiones las podemos ver en el logion en que Cristo recomienda la prudencia a sus discípulos: “sed sencillos como palomas y prudentes como serpientes” (Mt 10, 16). La vivencia de la virtud de la prudencia sobrenatural hace necesario en el hombre el don del discernimiento espiritual. Una vez más vemos que todas las virtudes están unidas en la vida espiritual.

C. Sugerencias para la reunión.

Es necesario llevar el tema a la oración. Y también hacer una lectura detallada y reflexionada del mismo. Recordemos que lo que recibamos de una reunión de equipo podemos decir que es proporcional a lo que aportemos habiendo preparado el tema.

I. Punto A.I ¿Hay algún otro ejemplo de diligencia en el evangelio? ¿Qué razón puede haber detrás de la diligencia de Cristo?
II. Discurrir por los puntos A.II al A.III comentando cuál de las palabras y obras de Cristo te impresiona más. ¿En qué momento de la Pasión se muestra más la valentía del Señor?
III. Comentar el punto A.V viendo si se ocurren algunas reflexiones más o razones sobre el tema.
IV. Comentar el punto B.
V. Aplicaciones prácticas a nuestra vida.

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